Dejar de odiar los lunes

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DEJAR DE ODIAR LOS LUNES

La vuelta al trabajo no tiene por qué ser terribilis por más que te espere con los brazos abiertos un jefe con mono de mandarte y un baúl llenito de las súper ideas que se ocurrieron una noche de insomnio.

Si cada domingo sufres una sensación de estrés y desesperanza es porque necesitas hacer algunos cambios en tu forma de organizarte que además mejoraran tu eficacia y aptitud laboral.

HERRAMIENTAS PARA DEJAR DE ODIAR LOS LUNES

 

1.- Aceptar el cambio.

Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo. -Eclesiastés 3

No estamos pensados para la inactividad. De hecho, cuando estamos ociosos se nos ocurren siempre las peores ideas. Necesitamos nuestro chute de adrenalina diario. Ya se que el trabajo no es la única actividad que proporciona actividad, de hecho es de las peores, pero salvo casos aislados, nuestro trabajo no pone en riesgo nuestra vida.

Piensa esto, si vivieras en la época del imperio romano probablemente acabarías en Las Legiones.

Así que, cómo dice el eclesiatés :

“…un tiempo para plantar,
y un tiempo para cosechar;”

2.- Liderarse a uno mismo.

No esperes a que tu jefe te regañe o te presione para que hagas tal o cual cosa. Debes ser un líder en ti mismo y ser tu jefe más exigente.

“si algo puede funcionar mejor, mejóralo”.

En este sentido, te recomiendo dos libros que a mi me han aportado mucho: El líder que no tenía cargo (Robin Sharma)  y El monje que vendió su ferrari  del mismo autor y que es líder de ventas en Amazon.

TIENES que estar dispuesto a aplicar cambios constantes para mejorar en el trabajo, siempre y cuando se haga poco a poco y con sentido común.

Cada uno de nosotros está obligado a no estancarse haciendo un trabajo monótono, sobre el que no se ve futuro o cuyo ambiente laboral se te hace insostenible.

A modo ilustrativo te propongo la lectura de este cuento zen que hace reflexionar sobre el tema:

 

Un maestro paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita al lugar.

Durante la caminata le comentó al aprendiz sobre la importancia de realizar visitas, conocer personas y las oportunidades de aprendizaje que obtenemos de estas experiencias.

Llegando al lugar constató la pobreza del sitio, los habitantes: una pareja y tres hijos, la casa era de madera, y estaban todos vestidos con ropas sucias y rasgadas, sin calzado.

Entonces el maestro se aproximó al señor, aparentemente el padre de familia, y le preguntó:

-¿En este lugar no existen posibilidades de trabajo ni puntos de comercio tampoco, ¿cómo hacen usted y su familia para sobrevivir aquí?”

El señor calmadamente respondió: “amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la vendemos o lo cambiamos por otros géneros alimenticios en la ciudad vecina y con la otra parte producimos queso, cuajada, etc., para nuestro consumo y así es como vamos sobreviviendo.”

El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, luego se despidió y se fue.

En el medio del camino, se volvió hacia su fiel discípulo y le ordenó: “Busqua la vaquita, llévala al precipicio de allí enfrente y empújala al barranco.”

El joven espantado vio al maestro y le cuestionó sobre el hecho de que la vaquita era el medio de subsistencia de aquella familia. Más, como percibió el silencio absoluto del maestro, fue a cumplir la orden.

Así que empujó la vaquita por el precipicio y la vio morir. Aquella escena quedó grabada en la memoria de aquel joven durante algunos años.

Un bello día el joven agobiado por la culpa resolvió abandonar todo lo que había aprendido y regresar a aquel lugar y contarle todo a la familia, pedir perdón y ayudarlos. Así lo hizo, y a medida que se aproximaba al lugar veía todo muy bonito, con árboles floridos, todo habitado, una gran casa y algunos niños jugando en el jardín.

El joven se sintió triste y desesperado imaginando que aquella humilde familia habría tenido que vender el terreno para sobrevivir, aceleró el paso y llegando allí, fue recibido por un señor muy simpático.

El joven preguntó por la familia que vivía allí hacia unos cuatro años, el señor respondió que seguían viviendo allí. Espantado el joven entró corriendo a la casa y confirmó que era la misma familia que visitó hacía algunos años con el maestro.

Elogió el lugar y le preguntó al señor (el dueño de la vaquita): “¿Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida?”

El señor entusiasmado le respondió: “Nosotros teníamos una vaquita que cayó por el precipicio y murió, de ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos, así alcanzamos el éxito que sus ojos vislumbran ahora.

 

3.-Tener claros los roles y responsabilidades de cada uno:

Muchas veces asumimos batallas que no nos corresponden, no debemos confundir nuestro objetivo personal con el objetivo personal de otro compañero y no solo eso, sino que además nos dejamos arrastrar por cuestiones “del otro” que no son estrictamente profesionales.

Así que aprende a decir NO y persigue tus propios objetivos.

4.- Conocerse mejor y ponerse un objetivo

Piénsalo, en realidad no estas trabajando para tu jefe, ni siquiera para tu empresa, estás trabajando en tu proyecto vital, personal y profesional. Conocer tus fortalezas y debilidades es fundamental para plantearte un objetivo en tu empresa. Es fundamental que no nos dejemos arrastrar con las circunstancias, crea un plan y cíñete a él. De esta manera, centra tus esfuerzos en aquellas cosas que faciliten el cumplimiento de tu plan y huye de las que no.

5.- Apóyate en tu gente

Tener iniciativa y gestionar correctamente tu relación con tus compañeros más afines es otro elemento básico a tener en cuenta. No dejes nunca de cuidar esa relación, evita la traición y las humillaciones en público. Ayuda a tus compañeros en la medida de tus responsabilidades y da la cara por ellos. Nadie triunfa ni es feliz si está solo.

“En el mundo de los negocios, las cosas importantes no son hechas por una sola persona. Son hechas por un grupo de personas.”- Steve Jobs

6.- Desarrolla tu red de contactos

Fundamental para tener un plan B preparado. Mira las cosas con la perspectiva que da el hecho de que fuera de las puertas de tu oficina hay mucho más mundo.

Dedica al menos un día a la semana a cuidar tu red de contactos, te va a sorprender lo mucho que recibirás a cambio.

 

Para terminar, te dejo con otro párrafo del Eclesiastés:

21 »¿Quién sabe si el espíritu del hombre se remonta a las alturas, y el de los animales desciende a las profundidades de la tierra?» 22 He visto, pues, que nada hay mejor para el hombre que disfrutar de su trabajo, ya que eso le ha tocado. Pues, ¿quién lo traerá para que vea lo que sucederá después de él?

El movimiento es vida

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