Críticas en el trabajo. Cómo hacer que te resbalen

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críticas en el trabajo

Ya me habéis oído decir muchas veces que hoy en día lo que hay que entrenar la mente diariamente para que no se nos vaya de madre y nos haga pasar malos momentos..

Factores como la capacidad de encajar las contrariedades , seguir mentalmente motivado y no desfallecer ; son más importantes en términos de rentabilidad que el hecho de tener una formación de miles de euros o los músculos de un rinoceronte.

Por ello el 65% de los directivos en USA, el eterno referente mundial, cuentan con los servicios de un Coach incluso costeado por sus propias empresas. Lo cual es bastante inteligente y rentable a más corto plazo de lo que muchos opinan.

Cómo actuar ante las críticas en el entorno laboral

Llegamos a las 9.35 a la oficina, con el estómago vacío y atacado por el atascazo de la dichosa M40 .

Nuestro jefe nos espera y nos comenta , como quien no quiere la cosa, que no entiende cómo nos permitimos el lujo de llegar tarde con el “añito” 🤓 que llevamos. 

Ya está, día perdido. A una sensación de angustia infantil, le sigue la ira, y para distanciarnos del comentario del jefe comenzamos a criticarle con todo hijo de vecino que tiene el infortunio de cruzarse con nosotros.

Por supuesto en casa no se libran, mira lo que me ha dicho el capullo del jefe, pues le voy a decir yo las horas que he echado de más y bla, bla, bla…te suena verdad, lo hemos hecho todos.

Tienes dos formas de reaccionar ante las críticas en el trabajo

Podemos decir que existen dos tipos de ego:

Un ego que podríamos denominar, estanca, el cual recibe las criticas, las deja ahí macerando, lucha contra ellas contra atacando, las acepta en el fondo y las va interiorizando hasta que casi se llega a identificar con ellas. Lo cual es muy, pero que muy peligroso. ☢

Y otro tipo de ego que vamos a llamar, colador. Es aquel que se queda con lo practico de la critica, aquello que le ayuda a mejorar, y elimina el resto sin volver a pensar más en ello. Parece algo idílico e inalcanzable pero te aseguro que con la práctica se consigue.

El oponerse frontalmente a las criticas en el trabajo o dónde sea es, a parte de una inmadurez, una forma de aceptación de las mismas porque si las atacamos o las rechazamos de plano es porque ,en el fondo, pensamos que podrían ser ciertas y eso nos da miedo.

Lo fundamental es entender que no hay verdades absolutas. Que por mucho que diga nuestro jefe o cualquier otra persona, nosotros somos ya seres completos y sin ninguna carencia frente a los demás.

Por supuesto que tenemos cosas que mejorar, y debemos mejorarlas. Pero ello no nos sitúa en un plano ni mejor ni peor que nadie. Simplemente, en realidades distintas dónde nosotros hemos priorizado a lo mejor otras cosas diferentes a las de nuestro jefe. Por ejemplo, en el caso de llegar tarde, puede ser que nosotros valoremos más la productividad que el número de horas de trabajo. ⏳

Profecía autocumplida, el efecto pigmaleón

Como decía Don José Ortega y Gasset, “las ideas las tenemos, en las creencias estamos “

No nada más peligroso para una persona que ella misma. Las creencias que uno da por sentado acerca de uno mismo pueden lastrarnos hasta el fondo del pozo y, liberarnos de ellas, hacernos cumplir nuestros sueños.

Uno es lo que piensa y si uno cambia, todo cambia. Ese, y no sacar naves de combate del fondo de un pantano poniendo cara de concentración, es el verdadero y valioso poder del cerebro humano. Cuanto más caemos en la acción – reacción, menos nos diferenciamos del resto de animales de la creación. (toma rima)

Nadie es bueno o malo en algo en términos absolutos

Volvemos al asunto de las criticas en el trabajo. Uno no es absolutamente bueno o malo en algo, puede no interesarle nada vender seguros pero ser un crack vendiendo pisos. Por lo tanto no podemos calificarnos como buenos o malos vendedores sin más.

Y asumimos y aceptamos internamente el papel de malos vendedores, por ejemplo, y nos repetimos una y otra vez eso que tanto se oye de “yo no valgo para vender” , nuestro cerebro se dedica a buscar constantemente evidencias externas que confirmen esa creencia para evitar lo que se llama en psicología, la disonancia cognitiva. Y si no encuentra estas evidencias, pues las crea y a otra cosa. Es así como nos vamos convirtiendo en seres que se encuentran tan sólo a un 5% de sus posibilidades.

Por eso nuestros pensamientos, nuestras creencias, nuestro diálogo interno del día a día determina nuestra realidad.

¿Tenemos el poder entonces de cambiar las cosas con nuestra mente?

No en términos mágicos, tipo la ley de la atracción y esas chorradas, pero si en términos de enfoque. Es decir, no es tan importante lo que sucede como la capacidad que todo el mundo tiene de interpretar eso que nos sucede para que no pase de la razón al comportamiento, pero ese es otro tema.

Ala, salgamos a la calle y practiquemos tener un ego del tipo “me resbalan las críticas destructivas pero valoro las que me aportan herramientas para mejorar” , ciao! 😉

 

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